Sirena

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Te miro a los ojos y sólo veo las profundidades del océano. Te pido que me esperes y el barco furtivo de tu sonrisa queda varado en la arena, no sé si esperando mi regreso. Me rodean las maravillas del mar y yo sólo siento el frío de las corrientes y mi voz ahogándose en el agua…

Guerra

 

“Miré a esa niña a la que le brillaban los ojos como si fueran estrellas en plena noche. Estaba asustada y un poco confusa, incapaz siquiera de gritar. Me miraba suplicante con esos ojos cristalinos. Por sus mejillas patinaban lágrimas que relucían marcando un surco entre la suciedad de su rostro. Detrás de ella se hallaba una masacre: un pueblo en llamas acompañado de un fuerte olor a muerte. ¿Dónde estaban sus padres?.Muertos, de seguro. Le cogí la mano sin decirle nada, cualquier palabra se perdía entre los pitidos que tras las explosiones ensordecían nuestros oídos, y me dispuse a llevarla hacia el camino de la paz y la libertad.
Miré a esa niña a la que le brillaban los ojos como el sol en el amanecer. Le tomé la mano, pero algo hizo que se soltara. La muerte me separó de ella, una bala me atravesó el estómago y caí al suelo entre mi propia sangre. Ella me dirigió una última mirada y salió corriendo, despavorida.
Miré a esa niña a la que le brillaban los ojos como el agua helada en el invierno. Y eso fue lo último que vi. Hoy, en el mundo de los muertos, sigo preguntándome como estará mi familia, mis amigos, y mi esposa. Pero, sobre todo, me pregunto qué tal estará esa niña a la que, gracias a Dios, aún no he visto por aquí”.

Tacirupeca

Era una templada mañana de primavera. Ella desayunaba sin muchas ganas después de una mala noche. Preguntas existenciales flotaban en el café mientras una maleta vacía sobre la cama ponía en su mente la idea de llenarla y  marcharse. De pronto, unos golpes en la puerta desvanecieron sus pensamientos: “toc-toc, toc-toc, toc-toc”. Se acercó a la puerta dudando si abrir o no…preguntó quién era y respondió el lobo. Ya le habían advertido de la existencia de lobos en aquel  bosque cuando decidió trasladarse a la cabaña y que algunos podían ser peligrosos, pero éste enseñaba una bandera blanca por debajo de la puerta.  Tras un repaso mental, recordó que tenía la escopeta de la abuelita cargada en el armario, unos cuantos cuchillos afilados en la cocina y, por si aquello no servía y se hacía necesario huir, la ventana trasera abierta.  Todo parecía estar cubierto, así que encogiéndose de hombros, decidió abrir.

Aquel resultó ser un lobo amable y de cautivadora conversación. En el minuto 0 ya le arrancó una sonrisa, en el 2 la carcajada. Se marchó dejándola con una sensación agradable, ganas de volverlo a ver y algún pájaro en la cabeza. Desde aquel día la visita casi a diario y ella ansía que llegue ese momento preparando café para dos. A veces, mientras conversa, se sorprende a sí misma pensando cuán   suave será su pelo, qué sensaciones le transmitiría acariciar su lomo  o rascarle tras las orejas…A veces, cuando él sonríe, puede ver sus afilados colmillos y no puede evitar sentir una punzada de miedo meditando cuánto dolor podría infringirle una de esas dentelladas…”Recuerda, es un lobo” avisa  una vocecilla en su cabeza. Es la misma  que le hace repasar cada día que la escopeta esté preparada en su lugar y que la ventana siga abierta. Sabe que algún día esa voz se callará y bajará la guardia. Sabe que algún día la ventana se quedará cerrada y olvidada en un rincón el arma que la defiende. Lo que aún no sabe es si eso significará el comienzo de la felicidad o será el principio de la perdición…

forestH

Fragmento de radiografía

Puedo ser la persona más arisca que existe. A veces me quedo callada por horas, y ni digo te quiero a quién me lo dice. Soy un saco de timidez que la detiene, y tampoco me gusta pedir ayuda de nadie. Soy una melodía que entre ruidos y silencios, no puede hacerse canción. Me gusta estar sola por muchas horas y me dan vértigo las multitudes. A veces me creo que soy mar, olas, no sé, hay días que siento que soy sal y magia. Y otras me siento viento, huracán devastador. Soy la persona menos cursi, pero que más caso le hace al corazón. Siempre llevo los fracasos y pérdidas en los bolsillos para recordar de dónde he venido, y en el lado derecho del alma llevo todos los sueños, deseos y te quieros que me faltan por estrenar. Me gusta estirar los brazos para abrazar, y creo que viviría feliz entre el pum-pum del corazón de alguien y sus manos rodeando mi cintura. No, no creo en los por siempre, ni que la eternidad es mucho tiempo. Soy fiel creyente de que en un segundo también existe el infinito, y que muchas veces lo eterno se resume a eso, a un instante. Detesto los números, las sumas, las matemáticas en general, pero cuantifico todo. Soy contradicción siempre y una exagerada en todos mis puntos cardinales. En mi piel habitan doscientas mil historias por contar, y otras tantas que prefiero no decir. Sueño, sueño mucho. En las noches me adentro a otro mundo, a ese en el que todas las posibilidades son reales, y puedo abrazar y estar con la gente que está lejos. Tengo buena memoria y un corazón de pollo que siempre me hace perdonar, y dar cuatro oportunidades más, a veces hasta sin merecerlas. A veces me alejo adrede, me convierto en abismo, y otras soy un puente que une a terceros. Creo en los milagros, en la risa que cura y en los besos que hacen que a los pies le crezcan cielos…

Helena

Don Cacahuete

ositoÉsta soy yo con D. Cacahuete, ¿por qué ese nombre?, la verdad es que no lo sé, la memoria es frágil a veces. El caso es que D. Cacahuete fue,  durante años, mi fiel compañero de fatigas.  De buena mañana le atusaba un poco el pelo  y, allá donde iba, él me acompañaba. Recuerdo que cuando llegaba la noche, me metía con él en la cama y  la única manera en la que conseguía quedarme dormida era acariciando sus pestañas, las tenía larguísimas y muy, muy suaves. Un nefasto día  mi querido amigo sufrió un accidente: una pelea con uno de los perros de mi vecino lo dejó hecho un amasijo de espuma de relleno, trapo y babas caninas. Le lloré desconsolada durante unas quinientas noches, como dice la canción de Sabina, como mínimo. Tal era mi pena que mi madre llegó un día con un precioso paquete que contenía un igualmente precioso osito de peluche.

-Mira, ¡¡si es como D. Cacahuete!! Hasta le podías poner el mismo nombre, D. Cacahuete II, ¡como los príncipes cuando repiten el de sus padres!.-me dijo, metiéndolo en mi cama y dándome las buenas noches.

Yo miré al nuevo osito. Sí, era color vainilla, como D. Cacahuete, sí, sus ojos brillaban igual, sí, también era suave, era bonito, me gustaba, pero … realmente aquel no era D. Cacahuete. Me levante, lo cogí, lo dejé sobre la silla de mi habitación y volví a la cama. Al cabo de unas horas más que menos, me dormí, creo que ese día comprendí que el dolor de la pérdida se puede superar, el tiempo que tardes es variable, pero aunque eso ocurra, siempre hay amores totalmente insustituibles. Aquel nuevo osito se llamó Vicky, como el vikingo, jugué con él, me divertí …pero nunca, nunca llegó a ser  como D. Cacahuete.